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Síndrome del pensamiento acelerado, tal vez lo padezcas

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La mayoría de los millenials padecerían del síndrome del pensamiento acelerado. Probablemente hayas escuchado a alguna persona mayor de tu familia iniciando una frase con “en mi tiempo”. Pues sí. Este patrón nostálgico tiene que ver con el hecho de que todo, todo, cambia en una velocidad absurda. ¿Quieres un ejemplo? Las personas nacidas en los años 80 o antes de eso tienen recuerdos nítidos de cómo era la vida sin internet, sin redes sociales e incluso, sin celular.

La impresión que tenemos a menudo es que esas modernidades nos dejaron más afligidos, más estresados ​​y con menos tiempo. Si antes era necesario recurrir a las enciclopedias para estudiar algunos asuntos, hoy, con una búsqueda rápida en internet, tenemos acceso a todo tipo de información. Lógicamente, todo exceso tiene sus consecuencias, y la información en exceso, que es lo que tenemos actualmente, acabó contribuyendo al surgimiento de nuevas enfermedades, síndromes y condiciones mentales.

 

El trastorno de ansiedad, por ejemplo, acabó ganando nuevas ramas, y es sobre uno de ellos que vamos a hablar hoy: el síndrome del pensamiento acelerado. Esta posibilidad de encontrar información en grandes cantidades en todo momento acaba por sobrecargar nuestro cerebro. Imagínate, ante la pantalla de un ordenador, leyendo un texto. Es muy posible que el navegador que utilizas tenga otras pestañas abiertas: Facebook, Twitter, YouTube, Tumblr, Pinterest, SoundCloud y por ahí va.

En Facebook, sólo para usar una de las opciones de comunicación e información del momento, ves videos, haces clic en diversos enlaces, ves fotos, reaccionas al estado de tus amigos, agregas personas, participas en grupos y páginas, debates algunos asuntos, etcétera. Para nosotros, esa alta cantidad de información ya es algo común, y por eso acabamos ni percibiendo que, al final de cuentas, todo eso puede cambiar la forma en que nuestro cerebro trabaja.

Síndrome descubierto en Sudamérica

El síndrome del pensamiento acelerado fue descubierto por el psiquiatra brasileño Augusto Cury, y es más común en personas adultas y que trabajan en ambientes que exijan constante atención. Es el caso de médicos, profesores, escritores, periodistas: todos son profesionales que necesitan ser buenos en todo momento, a veces sin mucho descanso y en algunos casos teniendo que lidiar con metas y plazos intimidatorios.

Vivir con el síndrome del pensamiento acelerado significa tener una serie de dificultades mentales: es difícil concentrarse en leer un libro, es difícil comenzar y terminar una tarea sin interrumpirla innumerables veces, es difícil conseguir dormir, incluso. Esto sucede porque la corteza cerebral se sobrecarga, lo que resulta en una mente de pensamientos inquietos y acelerados. Las personas con este tipo de interferencia cerebral, digamos así, tienden a ser también más estresadas, impacientes e intolerantes.

Son personas con la constante sensación de que las 24 horas del día son insuficientes para que todas las tareas sean realizadas. Esto, lógicamente, acaba perjudicando otras funciones cerebrales, y dejan a la persona con esa sensación de cansancio mental y, consecuentemente, de cansancio físico también, sin disposición. Esto sucede porque la región del cerebro que se estimula en exceso – la corteza – acaba usando la energía que debería ser enviada al resto del cuerpo.

Recuperar hábitos sencillos

Como comentamos al principio de este texto, la tecnología nos ofrece un abanico muy grande de información, en todo momento, de todas las formas posibles – es cada vez más común, por ejemplo, que las personas usen sus teléfonos para verificar redes sociales y afines antes de salir de la cama, por la mañana. Si antes lo normal era levantarse, ir al baño, cepillarse los dientes, tomar un baño y prepararse un café. Hoy en día el celular está primero que todo esto, de modo que ni siquiera nos enteramos.

El hecho es que esa gran exposición nos coloca ante un número gigantesco de informaciones, constantemente, y nuestro cerebro hasta consigue administrar todo eso, pero otros sectores de nuestra mente acaban pagando el precio. Es obvio que nadie quiere tener su vida perjudicada en función del pensamiento acelerado. Los consejos para driblar los maleficios del síndrome incluyen intentos de disminuir el ritmo frenético de vida.

¿Qué tal recuperar algunos hábitos más simples, que, de preferencia, no involucran un celular o un ordenador? Por ejemplo, salir a caminar con tu perro, sin el móvil, ir a sentarte a un parque, de nuevo, sin el móvil o ¿simplemente ir a tomar un café?

 

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