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Pronto, solo necesitaras aplaudir, bailar o zapatear para cargar de energía tu teléfono.

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Imagine la siguiente escena: en unos años, tu teléfono se queda sin batería. En lugar de luchar por un cargador, aplaudirás y verás cómo vuelve a la vida.

¿Suena exagerado? No lo es, gracias a una nueva tecnología desarrollada por investigadores del Instituto de Nanomateriales de Clemson (CNI).

En marzo de 2017, el equipo armó un dispositivo aparentemente rudimentario hecho de plástico y cinta, con la capacidad única de generar electricidad a partir de los movimientos, cuando los dos materiales se juntan, aplaudiendo o golpeando los pies, crean un voltaje. Y como nadie puede soportar los cables, ahora hay una versión inalámbrica conocida como W-TENG, que está hecha de una combinación de teflón y una fibra de varias partes que contiene el grafeno ultra delgado.

El dispositivo tipo baldosa tiene una capacidad máxima de 3.000 voltios, como crea una tensión, genera un campo eléctrico que transmite energía a una distancia de hasta 3 metros.

Toda esta electricidad puede almacenarse en baterías, pero también puede usarse para otras cosas. El autor del estudio, Sai Sunil Mallineni, menciona algunos:

No solo puede proporcionarle energía, sino que también puede usar el campo eléctrico como un control remoto accionado. Por ejemplo, puede tocar el W-TENG y usar su campo eléctrico como un «botón» para abrir la puerta de su garaje, o puede activar un sistema de seguridad, todo sin batería, pasiva e inalámbricamente.

El equipo detrás de W-TENG ya está en conversaciones con socios industriales para desarrollar aplicaciones prácticas de la tecnología, y quieren asegurarse de que cuando llegue al mercado, la loseta mágica también sea amigable con el medio ambiente, por lo que están buscando una alternativa al teflón.

Si todo va bien, se podría simplificar nuestra capacidad para cargar dispositivos electrónicos, y algún día ayudar a reducir la carga de la pobreza energética también en el mundo en desarrollo. Según el director de CNI, Apparao Rao, su éxito es una cuestión de garantizar que la economía del proyecto sea tan eficiente como su base científica.

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